Ni el fútbol ni la petanca. El deporte nacional desde hace 5 años es el ridículo.
Fernando el Católico (del Reino de Aragón y no de Cataluña y Aragón) y su querida Isabel impusieron uno de los sentimientos más arraigados hasta hace poco en la sociedad española: el orgullo. Quizás no seamos un país en el que se brinde por España, por sus derechos y por su honor. Pero, por lo menos, a título personal nadie se deja pisotear o intenta evitarlo.
